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domingo, 24 de abril de 2011

Nuestra Aflicción..

By. José Marlon Andrade Montalvo


“Te amo, nunca me alejaré de tu lado” es lo último que recuerda haber escuchado Sofía antes de entregarse a manos de la pasión, del deseo, seducida por el placer carnal y los efectos del alcohol.. Unas horas después, un constante trino de aves anuncia un nuevo día; los ahora molestos rayos de luz matutina que se cuelan por las persianas de la ventana le hacen despertar.
Con esfuerzo abre sus ojos, al girar su cuerpo se topa con el rostro de Rodrigo, su novio que continúa sumergido en  sueños, observa sus facciones…  Tras unos momentos de contemplación le besa cariñosamente la frente. Con pesadez se incorpora y se sienta en la orilla de su cama para silenciar el estridente sonido de la alarma que recién comenzaba a sonar.
Se talla los ojos, como buscando arrancar de esa forma el sueño que aun lucha  por cerrar sus parpados, al dar un vistazo a su alrededor distingue regadas por el piso, las prendas de gala que anoche ella y su novio utilizaron para el baile de graduación de la preparatoria. Recuerda el momento en que abrió la puerta,  él estaba ahí elegantemente ataviado con un traje a tres piezas, también que ella usaba un vestido azul que, además de acentuar su figura, hacia resaltar sus ojos, pasaron toda la velada juntos  bailando cada una de las canciones que el DJ ponía para amenizar el ambiente. Fue su primera cita “oficial” como novios.
Envuelta en sus pensamientos, también revive el momento en que salieron del baile ya con unas copas de más encima… corte… hay una laguna que le impide recordar cómo es que llegan a la casa de él, también hay una barrera que no la deja ver el momento en que se despojan de sus ropas, se ve en la cama con él, entregados el uno al otro… su primera vez.
Envuelta en una sábana, se levanta de la cama con dirección a la cocina, en el camino, agradece que sus padres hayan salido de viaje y que no se encuentren en casa. Cuando regresa a su habitación, Rodrigo ya se ha incorporado y la recibe con los brazos abiertos invitándola de regreso… Sofía se recuesta sin saber lo que está ocurriendo, solo se deja llevar.


II
El tiempo ha pasado, la relación con Rodrigo se ha hecho más fuerte a su juicio, hacen todo juntos y siempre piensa en él, una relación perfecta. Sin embargo, unos días después, a finales de mes, Sofía se percata de algo extraño, está en su periodo menstrual  y aun no hay signos de él, un poco preocupada le atribuye esto a los nervios y deja pasar así uno, dos, tres días… Estos se entrelazan formando una semana. Llena de preocupación y de miedo de estar embarazada, saca de su vieja alcancía un poco de sus ahorros y, sin que su novio se entere, se dirige a una farmacia apartada de su casa, en otra zona de la ciudad. Llena de nervios entra en el local y pide una prueba de embarazo, agacha la cabeza al sentir la mirada acosadora de la empleada; Como puede, paga,  guarda el producto en su mochila para dirigirse a su casa.
Encerrada en su habitación, no ha probado bocado en todo el día, se la pasa preocupada por el posible resultado positivo de aquella prueba, en los posibles cambios que esta le traerá a su vida. Cuando su mamá le pregunta si algo le pasa ella se limita a responder “estoy cansada”, a regañadientes su madre acepta el pretexto y tras despedirse de ella como todas las noches, con un tierno beso en la mejilla sale de la recámara y se dirige a dormir.
Sofía sabe que es el momento; Espera a que pase un rato como para asegurarse de que sus padres ahonden en su sueño, después, con la sigila de un león, sale de su cuarto con la prueba en la mano. Sus piernas tiemblan de nervios y siente como si el corazón se escuchara en toda la habitación. Al llegar al baño cierra la puerta, lentamente observa aquella caja de cartón y lee cuidadosamente las instrucciones a seguir para no estropear el resultado “99.9% de efectividad” se puede apreciar en letras rojas que sobresalen de la envoltura, Saca la prueba y la observa fijamente por un largo rato, como si de ella dependiera su vida, su futuro… Solo te toma unos segundos completar el procedimiento y se dispone a esperar el resultado: dos minutos de agonía, de sufrimiento, ensimismada ve a sus padres gritándole y reprochándole la manera de echar a perder su brillante futuro como profesional –Eres una tonta! Cómo pudiste hacerlo?-.
Escapando de sus cavilaciones y pensamientos, se da cuenta que el tiempo requerido ha pasado ya. La ligera cortina de lágrimas que cubre sus ojos delata su sentir, quizá miedo o tal vez nerviosismo, probablemente sean las dos; tiene pánico de saber el resultado. Le toma solo unos breves instantes tomar valor y con un terror inimaginable observa la prueba: Positivo. Siente su corazón detenerse y como si el mundo a su alrededor se colapsara, rompe en un silencioso llanto angustioso, como si pidiera auxilio en un grito desesperado, un grito enmudecido por la inquietud reinante en su corazón.
Recargada en el lavabo observa la prueba una y otra vez, como deseando que fuera una broma cruel, queriendo que en un abrir y cerrar de ojos todo fuera diferente, recuerda la noche en que ella y su amado novio, cegados por el placer no obedecieron los eternos consejos de protección de maestros, padres y amigos, como es que ese momento de pasión ahora se ha vuelto un infierno. Se siente abatida.
Como puede, y haciendo el menor ruido posible regresa a su habitación, sus ojos enrojecidos por el llanto se disimulan en complicidad con la oscura noche y, aunque no tiene ganas de hacerlo, el sueño logra vencer sus parpados cuando los primeros rayos del sol han hecho ya su aparición.
11:30 am, la alarma del despertador suena por quinta vez, Sofía la escucha a lo lejos, pero ni remotamente tiene la intención de apagarla, con los ojos aún rojos e  hinchados por una noche de continuo llanto escucha a su madre despedirse desde fuera de su habitación:
-Regresamos más tarde hija, vamos a la casa de tus tíos, dice tu papá que hagas el aseo de la cocina-
Sin contestar, escucha alejarse los pasos de su progenitora, espera a que salgan y sale de su habitación, camina rápidamente hacia la sala en busca del teléfono, lo descuelga y marca apresuradamente un número.
-¿Bueno?-
-Rodrigo? Soy yo… Sofía, ¿podemos vernos más tarde?
-Si claro ¿Todo bien?
Sin contestar a la pregunta se limita a decir:
-A las 5 en el parque de atrás de mi casa ¿te parece?
-Si amor, ahí te veo.
Cuelga el teléfono y regresa a su refugio, a su habitación aún decorada infantilmente y pintada de color rosa mexicano, sin embargo, ahora todo lo ve en tonos grises y oscuros, la alegría que solía sentir estando en ella ha desaparecido. Desganadamente, se desprende de sus ropas y se mete a la ducha. Mientras el agua corre por su cuerpo, piensa en cómo decirle a Rodrigo de su eventual paternidad; tiene miedo, pues conoce a los padres de él y sabe de su estricto carácter, no sabe cómo será su reacción y es lo que le hace temer, sin embargo sabe que su novio la ama y eso le da fuerzas para salir adelante.
Momentos después, Sofía sale del baño; se arregla y se viste para la cita que tiene pendiente esa tarde. Se dirigía apenas a ver la televisión dispuesta a hacer tiempo cuando siente un estrujo en el estómago y es ahí cuando recuerda que no ha comido nada en todo un día. Lentamente va hacia la cocina y saca del refrigerador lo primero que encuentra, lo mete en el microondas y unos minutos después está sentada ante una mesa comiendo el preparado de vegetales y legumbres que ha dispuesto.
4:45 pm. Sofía apenas termina de comer y el viejo reloj de pared ubicado en la sala marca la hora. Los nervios vuelven a invadirla, recoge y lava sus platos, toma sus llaves y sale de su casa rumbo al punto de reunión donde ha de verse con Rodrigo en pocos minutos.
Al llegar al parque, ve a lo lejos una banca vacía y va hacia ella. Se sienta a ver pasar a las personas que transitan por ahí a esas horas, en su mayoría niños acompañados de sus padres que buscan un rato de diversión. Por breves momento olvida su pesar observando a aquellas felices personas disfrutar su vida, viendo cada sonrisa que tan radiantemente expresan los menores y los calurosos abrazos que reciben de parte de sus familiares.
Unos minutos después, puede distinguir a lo lejos la alta silueta de Rodrigo entrar al parque, que al verla, la saluda a lo lejos levantando una mano y corriendo hacia donde se encuentra ella. No sabe la noticia que le espera.


III
Una fría ventisca hace su aparición, las hojas ya caídas de los árboles son llevadas por el viento sin dirección fija, en una banca al fondo del parque se distinguen a dos jóvenes que esperan por iniciar una conversación. Es ella quien rompe el silencio con un evidente temblor en sus palabras:
-Rodrigo… M-me amas cierto?
-Claro que si mi vida y lo sabes bien ¿Qué sucede?
-Por favor, no quiero que pienses mal, solo necesito que me apoyes con lo que estoy a punto de decirte…
Al observarlo, nota como la sonrisa que llevaba de inicio ha desaparecido y su semblante se torna serio, como presintiendo lo que está a punto de decirle y con lágrimas en los ojos continúa:
-Estoy embarazada Rodrigo!, estoy esperando un hijo tuyo!
Tras decirlo, ella se arroja en sus brazos buscando consuelo y apoyo, sin embargo, él la aparta de si, se levanta de la banca y con una voz que raya en lo furiosa le reclama:
-¿qué? ¿Cómo que embarazada? Estás loca! Ese hijo no puede ser mío!
Estupefacta por la reacción de su novio, Sofía se pone de pie e intenta hacerlo entrar en razón… las lágrimas acuden nuevamente a sus ojos, le ruega que no la deje sola, que la apoye si realmente la ama, pero él no le hace caso, la ignora y con las manos en la cabeza la deja sola. Abatida por la pena, se desploma sobre el pasto y da rienda suelta a su pesar sin importarle que la gente que pase la vea con un gesto de rareza sin atreverse a preguntarle qué le pasa.


IV
El frio ha aumentado y Sofía debe volver a casa. Tras limpiar sus mejillas y sacudir sus ropas, inicia el trayecto de regreso a su hogar. En su mente hay sentimientos encontrados: por un lado la atormenta el hecho de lo que puedan decir sus padres, amigos y demás familiares al darse cuenta de su condición, por otro la deprime el hecho de que la única persona en quien contaba le diera la espalda de una forma un tanto cruel.
Llega a la entrada de su casa, el carro de sus padres no está estacionado frente a la puerta, eso indica que aún no llegan, pareciera no importarle. Entra y se dirige a su habitación, se acomoda frente a su amplio ventanal para contemplar el atardecer y ver como las nubes negras que se asomaban por el horizonte empiezan a cubrir el ya semi oscuro cielo. La lluvia no tarda en hacer su aparición. En eso, recibe una llamada a su celular, son sus padres que le llaman para avisar que no podrán llegar porque el automóvil ha sufrido una compostura y que hasta el siguiente día estarán de vuelta; Sofía contesta con monosílabos y termina la conversación. Momentos después, intenta llamar a Rodrigo, pero este no contesta ni al celular ni al teléfono de casa y tras insistir algunas veces, se da por vencida.
Desganada, abre el buró que le sirve de mesa de noche y, tras buscar ansiosamente, saca de él un cúter  semiprofesional nuevo, regalo se alguno de sus tíos con la ilusión de que ella llegara a ser, algún día, una arquitecto de primera línea. Lo saca de su empaque y ve detalladamente la navaja. En un acto casi autómata, dirige hacia sus brazos la filosa pieza de metal haciendo que esta casi coquetee con sus venas y sin pensarlo mucho, aplica fuerza, suelta un grito desgarrador y el arma ha caído al suelo.


V
La sangre aún corre por sus delgados brazos y estrecho vientre, en sus ojos pueden distinguirse rastros de las lágrimas que momentos antes quemaran sus mejillas, el paño del ventanal hace evidente la crudeza del frio que hace en el exterior… Sobre la alfombra manchada de rojo escarlata, descansa el cuerpo inerte de Sofía, a su lado, una navaja que delata lo que ocurrió momentos antes.
Sumida en la inconciencia, no advierte el paso del tiempo, a duras penas logra distinguir muy a lo lejos, las voces de sus preocupados padres cuando la descubren, y aunque intenta reaccionar, sus fuerzas se lo impiden. No siente como es transportada al hospital, solo percibe lo que pequeños ratos de lucidez le permiten en su abrumadora condición:
-Ha perdido demasiada sangre, puede que sea demasiado tarde, además su matriz ha sufrido un daño irreversible, lo más probable es que no pueda ser madre- escucha decir del médico de guardia.
Murmullos, lamentos, llantos… en un ambiente de angustia pura, es llevada de emergencia al quirófano, donde tratan desesperadamente de sanar las hemorragias que le están haciendo perder la vida, sin embargo todo parece estar en su contra: procedimiento tras procedimiento van acumulando fallos y el tiempo se agota. Sofía lucha por su vida en la cama de hospital.
Segundos, minutos, horas… El tiempo en la sala de operaciones sigue su curso y un zumbido del cardiograma invade la estancia. Sofía abre sus ojos y observa confundida como los cirujanos dejan materiales y se retiran
-Esperen! Se olvidan de mí!
Sin embargo el eco se desvanece entre las paredes sin que alguno de los médicos le preste atención.  Ella se incorpora y al verse, se da cuenta que las heridas de sus brazos y vientre han desaparecido, no hay dolor, no hay cicatrices. De pronto nota algo que la deja petrificada: Sobre la mesa de operaciones se encuentra su cuerpo inerte, ya sin color, ya sin vida. Por la ventana de la habitación ve a lo lejos a sus padres llorando tras haber recibido la noticia de la muerte de su hija y de repente, empieza a sentir como sus energías se desvanecen, como su existencia deja de serlo y en un instante desaparece.


VI
“Te amo, nunca me alejaré de tu lado” Es la frase que, como himno maldito, Sofía ha de recordar cada día de su nueva existencia, en cada momento de su nuevo vivir… Ahora duerme queriendo ser despertada al día siguiente por el trino de aves o por los rayos del sol, nunca imaginó qué una noche de pasión y amor habría sido la causa de su triste perdición.

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